Los irlandeses – relatos de Rodolfo Walsh

2013/02/24

Los irlandeses (cub.)

Ambientada en un internado de niños desarraigados semi o totalmente huérfanos, esta recopilación de relatos puede ser muy útil para trabajar el tema de la adopción de niños mayores, y en cualquier caso es muy recomendable para quien haya vivido situaciones semejantes, o para madres y padres que reciben hijos procedentes de esos ámbitos.

Al parecer el autor pensaba prolongar la serie, pero quedaron solamente estos tres interrelacionados en sus argumentos respectivos. Están editados en el mismo volumen aunque en orden aleatorio respecto al desarrollo cronológico de la acción. No importa, o incluso tal vez sea mejor esa mecánica de flashback argumental cuando al final, en la meta, lo sustancial es la impronta emocional, psíquica, socioestructural en el lector.

Relatos cortos, autor y personajes de origen irlandés, mundo anterior a la Segunda Guerra Mundial…: parece inevitable recordar al Joyce de Un encuentro, Eveline, etc. Efectivamente, la influencia es perceptible y para bien: todas esas elipsis que dicen muchísimo más de lo que callan. Muy buena lectura, buen trabajo de El Aleph, y en recuerdo de Rodolfo Walsh.


Me deseó felices sueños [Fai bei sogni], de Massimo Gramellini

2012/12/11

Me deseó felices sueños (cub.)

No ser amado es un sufrimiento terrible, pero no el más terrible. El más terrible es dejar de serlo. En los encaprichamientos de  sentido único, el objeto de nuestro amor se limita a negarnos el suyo. Nos quita algo que sólo nos había dado en nuestra imaginación. Pero cuando un sentimiento correspondido deja de serlo, se interrumpe bruscamente el flujo de una energía compartida. Quien ha sido abandonado se considera probado y escupido como un caramelo malo. Culpable de algo indefinido. (p. 28)

Publicado en España por Ediciones Destino, 2012.

Hace unos días La Contra -esa sección de La Vanguardia con tan acusada personalidad- publicó una entrevista con este autor italiano también periodista. Así que gracias a ella hemos dado con este relato tan interesante del que, aunque está teniendo una cierta promoción, dudamos que se llegue a convertir en bestseller destacado.

Porque el melodrama suele tener mala prensa. Y a veces es un pena, pues este género puede servir de instrumento precioso para la exploración de las emociones y las relaciones humanas. En este caso se trata de un psicodramón autobiográfico monumental, aunque sea un libro de no muchas páginas. Alérgicos abstenerse.

El relato se presenta de modo secuencial desde el punto de vista temporal, con un pequeño salto adelante-atrás cortado a la medida de la trama. Los comienzos -correspondientes a la época infantil del protagonista- son muy intensos. Luego esa magia de la niñez se va perdiendo, la escritura y la tensión flojean aunque no el volcado de conceptos, observaciones, reflexiones… Requiere una lectura reposada a pesar de la aparente ligereza de la prosa.Fai bei sogni (cop.)

Muchos lectores hispánicos actuales se van a encontrar con un ambiente social totalmente reconocible: segunda postguerra mundial, aristocracia obrera o clase media baja urbanas, telón de fondo de catolicismo romano, ternurismo/severidad, algunas vidas privadas y públicas gripadas a perpetuidad por prejuicios blindados y sociopsicopatologías atávicas.

En fin, es una lectura ideal para trabajar tres asuntos cruciales: el abandono, los tabués familiares y la identidad. Como elementos articulados entre sí. Nos resistimos a juzgar este desnudo ¿integral? de Massimo. Simplemente nos inspira respeto y comprobamos que la experiencia nos ha resultado muy interesante. Así que aquí queda recomendada. Una buena tragedia para Navidades dará algo de necesaria catarsis ¿no?


Los Superjuguetes de Brian W. Aldiss y la Inteligencia Artifical de Kubrick y Spielberg

2012/05/22

Habían llegado a la planta de producción, donde el producto estaba preparado para ser empaquetado y exportado. David avanzó, con los ojos abiertos de par en par.

 Ante él había mil David. Todos iguales. Todos vestidos igual. Todos en posición de firmes. Todos silenciosos, con la vista clavada en el frente. Mil réplicas de él. Muertas.

Por primera vez, David comprendió.

(ed. 2001, p. 51)

 

 

En los relatos de Brian Aldiss merodean erotismo antropológico y cierta ironía con tintes filosóficos. Son historias que le suelen dejar al lector un regusto melancólico. Su minúscula trilogía de Los superjuguetes viene a estar compuesta por tres elementos o actos:

- Los superjuguetes duran todo el verano.

- Los superjuguetes cuando llega el invierno.

- Los superjuguetes en otras estaciones.

Están publicados en un volumen bajo el título del primero de ellos, tanto en castellano como en inglés: Supertoys last all summer long. Sin embargo esta miniserie se compuso a lo largo de varios años y al hilo de la relación creativa entre el propio Aldiss y Stanley Kubrick. No es un texto extraordinario desde el punto de vista literario pero encierra una preciosa clave argumental que resultó crucial para el desarrollo del guión llevado al cine por Steven Spielberg después del fallecimiento de Kubrick.

La peli en sí concita opiniones muy variadas. El viejo proyecto que Kubrick no pudo acometer devino una producción ardua, compleja y costosa. Se reconocen elementos de Blade Runner, de El planeta de los simios, de Cantando bajo la lluvia, y si me apuran de La fuga de Logan o remotísimamente del gran Buñuel. Hay juicios para todos los gustos. Para algunas personas se trata de un pastiche de montaje mediocre, inestable y desigual, empeorado con dosis de sentimentalismo. Para otros en cambio la peli ofrece una estructura robusta y genial, que culmina precisamente las ideas de Kubrick sobre realización cinematográfica. A efectos prácticos lo que sí se puede afirmar es que su visionado no resulta recomendable para niños pequeños, a pesar de que en España la calificación de partida -a nuestro juicio un tanto temeraria- fue la de apta para mayores de 7 años: es una historia demasiado violenta, enrevesada, inquietante y amarga.

Inteligencia artificial toca varios palillos que dan para mucho. En primer lugar la adopción como fórmula sustitutiva ante la ausencia de hijos biológicos. Y por otra parte el sempiterno tema de la identidad personal: ¿somos lo que somos por nuestro punto de partida u origen, o por la influencia del entorno y la experiencia?, y si lo somos por combinacion de los factores precedentes ¿en qué proporción? El robot que siente no es sino una metáfora del ser humano considerado como -al fin y al cabo- mecanismo biológico, material. La pregunta de ¿hasta qué punto el robot puede sentir emociones? nos rebota directamente: ¿cuáles son los límites materiales, el perfil real y tangible de nuestra psique humana? Por el momento no parece que tengamos respuesta adecuada y total a este interrogante, y según la película tampoco la habrá todavía dentro de algunos milenios. De modo que no nos queda otra salida ¿provisional? que la voluntad existencial. Para todos, robots  mecánicos y/o biológicos.


La otra madre – Una novela de Seth Jacob Margolis

2012/04/11

Selma se arrodilló junto a Raymond.

-Dame un beso, cariño -le pidió.

Obediente, el niño la besó en la mejilla y luego se marchó hacia el parvulario. A pesar de lo pequeño que era, andaba con una determinación adulta, balanceando los brazos, con la cabeza inclinada hacia delante, como si luchara contra fuerzas invisibles que trataban de derribarlo desde todos los flancos. “Otro niño perdido, cuidado por la persona inadecuada. Como mi Isaiah. Como me pasó a mí, y a Dana, la niña rica”, pensó y no tuvo más remedio que echarse a reír. (p. 111)

Comentando la peli Losing Isaiah (Instinto maternal) (1995) ya se apuntó la ensalada de títulos en torno a esta historia de ficción. El libro fue publicado originalmente con el de Losing Isaiah en 1993 en los Estados Unidos. A él le siguió la excelente traducción española de Celia Filipetto, publicada por Plaza & Janés/Círculo de Lectores al año siguiente y titulada La otra madre. Y además están las tiradas editadas en Gran Bretaña entre 1993 y 1995 y tituladas The other mother de manera similar a la edición española.

La otra madre es una novela estupenda, escrita con gran talento literario utilizando una prosa económica y precisa que consigue recrear y comunicar sentimientos y estados de ánimo con una eficacia sorprendente, afectando a una plétora de personajes distintos y de principio a fin del relato. Formalmente está dividida en capítulos cortos subdivididos a su vez en fragmentos o escenas a modo de secuencias  de cine.

Sin embargo su argumento no coincide al cien por cien con el guión de la película. En la versión filmada el arranque de la trama no es exactamente el mismo, y algunos personajes cambian sus características. Como sucede en otras muchas adaptaciones, la novela original parece ofrecer más materia y con más riqueza y sutileza de matices. También es un libro a disfrutar por los amantes y mitómanos de la ciudad de Nueva York, ya que explota a fondo la geografía social de la urbe y su entorno, con multitud de referencias a lugares y zonas reconocibles y cargados de significado.

¿Qué paralelismo podría establecerse entre esa NYC de los años 80 y 90 del siglo XX y las grandes ciudades ibéricas y latinoamericanas de los años 0 y 10 del XXI, a propósito de adopción? ¿Con qué obra de ficción podría compararse La otra madre? Tal vez con La vergüenza, porque uno de los aspectos comunes explorados extensiva e intensivamente son los límites de comportamiento, emociones, ética e intereses de la pequeña burguesía liberal y profesional urbana en un marco de tensiones y desigualdades que puede abarcar apenas unas manzanas de casas o barrios casi contiguos, o bien desenvolverse en un marco global.

Lo que sí parece claro es que La otra madre se tradujo y distribuyó en territorio hispánico en un momento aún algo prematuro para que los interrogantes planteados suscitaran el interés que hoy presentan: antes de la gran oleada de adopciones internacionales. Sin duda por eso la novela pasó casi inadvertida, sin pena ni gloria, y no ha vuelto a ser reimpresa. Una  lástima, pues se trata de un libro absolutamente recomendable.

- En la universidad fumamos marihuana, participamos en todas las manifestaciones por los derechos civiles y en contra de la guerra. Y ahora, de la noche a la mañana, nos convertimos en ladrones de niños, egoístas, trepadores y malvados. No lo entiendo. (p. 259)


Cutting for Stone [Hijos del ancho mundo], de Abraham Verghese

2011/08/08

Cutting for Stone.

Vintage, ISBN 9780375714368.

Hijos del ancho mundo.

Salamandra, ISBN 9788498382600.

“El observador, el viejo archivero, el cronista de acontecimientos, hizo su aparición en aquel taxi. Las manecillas del reloj se volvieron elásticas mientras grababa aquellas sensaciones en la memoria. “Debes recordarlo”. Era cuanto tenía, cuanto he tenido en la vida, la única moneda, la única prueba de que estaba vivo”. (p. 444, ed. española)

Cutting for Stone es un juego de palabras conceptual que desde el inglés hace referencia a una determinada acción quirúrgica al mismo tiempo que a un apellido de importancia crucial en este relato. Una obra que a la chita callando, de boca a oreja, ha ido teniendo un éxito notable entre un determinado segmento de público, como se va detectando en bibliotecas y librerías. Alguien decidió que, dado que el título original resultaba intraducible en todo su sentido, había que buscarle uno completamente diferente en español: bingo para la demanda literaria de un mundo con cada vez más hijos transcontinentales y biografías ¿vulgares? pero vertiginosas.

Las primeras ideas que me vienen a la cabeza tras concluir la lectura son: 1) vaya dramón; y 2) menuda trabajera literaria y menuda tarea de documentación. Reparo en una crítica de la solapa que remite a Dickens. Desde luego son evocaciones de motivación muy personal: a mí en cambio me recuerda a Stendhal, Camus, tal vez Canetti, los grandes rusos… Resulta arriesgado un pronóstico sobre el veredicto que las Historias de la Literatura darán sobre este largo folletín-cronicón indoetíope escrito en inglés. Entretanto vayamos matizando lo que podamos. Por lo pronto Hijos del ancho mundo es una novela que destaca el papel que el elemento indio ha tenido en la sociedad y la historia etíopes. También es una novela de ambiente muy urbano, centrada  en una Addis Abeba aún muy reconocible, que hará las delicias de los lectores complacidos de El emperador o de Rastros de sándalo. Asímismo es muy probable que guste a médicos, cirujanos y demás personal del mundo sanitario, aunque al mismo tiempo hay que advertir que numerosos pasajes, por su crudeza, podrían indigestarse a personas impresionables en estas cuestiones y poco amigas de relatos a base de “higadillos”. Por otra parte y a pesar del entorno exótico, se salpican algunos guiños generacionales que hacen parecer la historia más cercana al lector.

Desde el punto de visto histórico-político la novela tiene defectos que por desgracia propiciarán el extravío de muchos lectores. El mismo Verghese reconoce humildemente su deuda con Kapuściński en cuanto al período imperial de Haile Selassie. El Derg es despachado con descalificaciones simplistas centradas en la personalidad de su dirigente Mengistu Haile Mariam sin tener en cuenta la complejidad de los aspectos étnicos, religiosos, culturales, geopolíticos, etc. que -siempre presentes en la Historia etíope- jugaron un papel fundamental en los acontecimientos de dicho período. El colmo del extravío se puede leer en la pagina 541 (ed. española, Salamandra): “Mengistu Haile Mariam …había adoptado un marxismo de tipo albanés”. ¡Afirmación increíble en un personaje ficticio pero central cuyo entorno personal se halla constantemente cerca del poder, surgida por lo demás de la pluma de un antiguo compañero de Facultad de Meles Zenawi! Vamos a ver: el Derg era un régimen prosoviético con influencias de la Cuba castrista, Alemania Oriental, etc. Y en aquella época era precisamente la Liga Marxista-Leninista de Tigray, dentro del Frente de Liberación del Pueblo de Tigray como principal movimiento guerrillero anti-Derg el que se miraba en el espejo de la Albania de Hoxha. En 1991, al tomar el poder en Addis y con la caída de los regímenes del Este europeo como contexto internacional, los liberadores del FLPT y sus aliados abandonaron oportunamente las referencias albanesas que de un modo u otro habían sido parte de la pesadilla -y no del credo, como se afirma en la novela- de su enemigo Mengistu y partidarios.

Para concluir con este asunto, el argumento se adentra en los años iniciales del siglo XXI sin comentario significativo alguno sobre la evolución política etíope posterior.  Digamos que en comparación con la minuciosidad desplegada en otros aspectos de la novela (las cuestiones médicas, principalmente), este parcheo de la faceta política afea un relato con ambición totalizadora de la vida cotidiana en Addis. En cuanto a la estructura argumental, mi humilde opinión es que la novela decae un poco en el último tercio o cuarto: un argumento hasta entonces vigoroso precipita en un cúmulo de carambolas y giros hacia el cierre. En cualquier caso se trata de una obra muy recomendable para todos aquellos que creemos que solo se puede asumir cabalmente la propia identidad atando cabos de los orígenes (así, en plural). Una honda reflexión sobre el destino y una extraordinaria historia de adopción: quizás ninguna me haya conmovido tanto desde Va, vie et deviens (Vete y vive). Enhorabuena al trabajo de traducción y edición casi impecables, aunque no estarían mal algunas notas para el público no familiarizado con Etiopía.


Jardines de Africa, de Manuel de Lope

2011/02/26

Nunca había leído nada de él, pero siempre me habían intrigado y atraído su trayectoria y su lugar en las letras españolas. Daba la sensación de ser un escritor que iba un poco por libre. También me pareció muy sugerente que hubiera residido bastante tiempo en Aix en Provence, una ciudad discreta pero provista de encanto y atractivos. A raíz de la aparición del nuevo libro del autor, Azul sobre azul, algunas miradas se han vuelto hacia Jardines de Africa, un breve volumen aparecido en los años 80 que combina elementos de autobiografía  infantil, introspección y relato de viajes. A mí en principio me han interesado sobre todo el primer y el tercero de los aspectos que acabo de mencionar, pero al cabo de la lectura me han satisfecho con mucho el primero y el segundo, algo menos el tercero.

Bajo la advocación de Conrad -qué sobadito que me lo tienen al pobre…- y sobre la base de un anhelo infantil de horizontes y aventuras, se entiende que Manuel de Lope emprendió un viaje iniciático de juventud que lo llevó desde el Mediterráneo oriental hasta el centro-norte de Etiopía ¡nada menos que en la turbulenta y sangrienta época de comienzos del Derg!

El libro está escrito en una prosa enérgica y en ocasiones algo tortuosa que se corresponde muy bien con las vivencias y pensamientos que se van desgranando. Desde luego no se trata de un estilo con concesiones a la galería, y resulta idóneo para una corriente de conciencia en la que la crudeza parece haber sentado sus reales. Curiosamente este itinerario africano sigue en sentido inverso el realizado años más tarde por Javier Reverte y plasmado en Los caminos perdidos de África. Pese a la notoria singularidad de las circunstancias vividas, Jardines de Africa como libro de viajes puro defraudará muchas expectativas. Y es que probablemente el autor ha perseguido más la autoconstrucción personal y literaria que la crónica o el ensayo. Así aquella travesía angustiosa, contemporánea del derrumbe esperpéntico descrito por Kapuściński, solo nos deja un destello de realidad, vagas sombras de duermevela perdidas en la vorágine de la Historia anterior a Live Aid, a las operaciones Moisés y Salomón y tantos otros acontecimientos. No es una cuestión de número de páginas, es que el libro tiene otro planteamiento.

Leo la edición de 1987 (ISBN 842048041X) y lamento señalar los abundantes descuidos de transcripción y ortografía (“Mhadi” por Mahdi, “Cimarrosa” por Cimarosa, “San Miquele” por San Michele, y algunos más…) que sorprenden en la obra de un autor tan viajado y culto. Muy buena literatura, de todos modos.


L’Africain [El africano], de Jean-Marie Gustave Le Clézio

2010/09/26

Me cuento entre aquellos para los que la concesión del Premio Nobel a JMG Le Clézio fue una agradable noticia. Más allá de su africanidad, es un escritor que aúna la maestría en el uso de la lengua francesa con una proyección global y transcultural muy interesante. Además, como ya ocurriera en parte con ocasión del Nobel de Coetzee, el de Le Clézio obligó a ponerse las pilas al mercado editorial y librero español que tenía a este autor relegado a una posición muy por debajo de su valía. Esto era aún más sorprendente al tratarse de un escritor que habla castellano y que ha tenido también bastante vinculación con México. En fin, tras el premio se le reimprimió y se le redistribuyó a toda prisa. Para algunos creerse que la Feria del Libro del Retiro es el centro del mundo es lo que tiene…

Dicen que ahora se están poniendo de moda los relatos sobre padres y madres. Pues bien, este es uno de ellos: la historia del desencuentro entre el autor y su padre, pero también el inventario de la herencia emocional que éste le dejó, a pesar de la incomprensión cotidiana. Se nos va presentando entre viajes, destinos y demás peripecias el “cómo se hizo” el africano JMG Le Clézio a partir de la propia africanidad del padre, forjada en una prolongada experiencia vital en aquel continente. Para los seguidores de la obra de JMG el libro servirá de explicación a muchos de los rasgos, temas e inquietudes presentes en otros que ya hayan leído, por encima del consabido tópico sobre los orígenes mauricianos de su familia.

Y por cierto: también es un libro importante sobre la familia, e indirecta o potencialmente sobre la adoptiva, debido al énfasis con que se muestra la incidencia de las vicisitudes históricas sobre los destinos personales al margen de los nexos biológicos aún cuando éstos existen. Esas vicisitudes que, en forma discreta y sin desembocar forzosamente en tragedias irreversibles, dejan marcas determinantes o generan dinámicas que cobran vida propia a modo de bucles que van tejiendo la urdimbre de una personalidad. Un testimonio útil para las generaciones europeas occidentales crecidas en la época de desarrollo más o menos lineal, por comparación, posterior a la Segunda Guerra Mundial.

Como el libro se centra en el “africano”, la madre queda en un lugar un tanto opaco, ¿tal vez porque en el subconsciente de JMG haya una supermadre que es la propia África?  En fin, observemos las andanzas del niño JMG entre la maleza, a ver si nos aclaran algo de ello. El adulto que nos recordará la guerra de Biafra como ejemplo de tanta tragedia olvidada.

En francés: Gallimard (Folio), ISBN 9782070318476.

En español: Adriana Hidalgo Ed., ISBN 9789871156580.


Lost horizon [Horizontes perdidos], de James Hilton

2009/09/15

Lost_horizon[1]

Voy a comentar hoy un relato un tanto olvidado y remoto –como el escenario en el que transcurre- pero en cierta medida sorprendente. A mí al menos me ha devuelto el placer de leer literatura en inglés, actividad cuyo último episodio memorable creo que había sido The sheltering sky [El cielo protector] de Paul Bowles, para luego ser víctima –sus muchos admiradores me perdonen- del dichoso Scott Fitzgerald.

Lost horizon es una historia de aventuras físicas y espirituales que arranca en un Berlín extrañamente ucrónico y crepuscular de comienzos de los años 30, inmediatamente anterior a la toma del poder por el partido nazi. Aunque tiene un protagonista nítido y principal llamado Hugh Conway, diplomático británico de medio pelo, es también la historia de varios personajes masculinos que se sienten de alguna manera fascinados unos por otros en una complicada geometría psicológica. Este es uno de los grandes logros de la novela, cuya versión cinematográfica realizada por Frank Capra (1937) echó por completo a perder. En cualquier caso los pocos personajes femeninos que aparecen son comparsas que no participan de manera decisiva en la acción. Lost horizon transpira por los cuatro costados el espíritu de la época que la vio nacer: en ella está presente el hastío antimoderno ante la supuesta crisis de valores de la civilización europea, también la crisis económica desarrollada a partir de 1929 –cuyo crack aparece explícitamente mencionado-, y la búsqueda de un sincretismo entre Occidente y el Extremo Oriente en el imaginario borroso y mítico de Asia central. A este respecto no está de más señalar las ¿curiosas? ausencias del islam y del judaísmo en el relato. En fin, el argumento encaja a las mil maravillas con el escapismo conservador ante la incipiente sociedad de masas y con el no-intervencionismo y la actitud de inhibición ante el ascenso de los totalitarismos. De modo que no es de extrañar su aprovechamiento por Capra, auténtico paladín del ingenuismo de derechas, mientras la Guerra civil española está en pleno curso…

Uno de los aspectos llamativos de Lost horizon, que justifica muy especialmente su venida a colación aquí, es la posibilidad de su lectura en clave de adopción, especialmente si hablamos de la internacional. Por un lado está la relación paternofilial entre el Gran Lama y Hugh Conway, a la que se añade la que se desarrollará entre éste y Mallinson. En cuanto a la aventura colectiva, está claro que se trata de un rapto, más o menos bienintencionado desde el punto de vista de quien lo pone a punto y realiza, que reviste todos los atributos del poder ejercido por unos seres sobre otros y que se materializa en un traslado geográfrico –forzoso al tratarse de adultos- y sin perspectiva inmediata de reversión. Además, el confinamiento  provoca una paulatina infantilización y desexualización  de los adultos adoptados, sutilmente tutorizados por la autoridad paternalista que emana de una instancia religiosa. Para colmo, los “adoptados” obtienen la posibilidad de un incremento contante y sonante de la esperanza de vida: fijo que os va sonando algo, y también en cierto modo diabólico ¿no?

Lost horizon está publicado actualmente en inglés por Harper Collins. Existió a finales del siglo XX una edición española por Plaza & Janés, pero me temo que no debe ser fácilmente encontrable. A propósito, Hilton creó una novela muy bien documentada y primorosamente escrita que a estas alturas sin duda merece una digna edición crítica en castellano.

En cuanto a la peli, hay una notable diferencia de personajes, que mudan sus nombres, nacionalidades y relaciones. Hilton fue también guionista, pero en este caso el trabajo lo hizo otro que buscó aligerar: se introdujo un humor mucho menos fino y se restó importancia a la espiritualidad en beneficio del romance, como mandan los cánones en una historia con “galán”: un Conway irreconocible. Esto no quita para que fuera en su día una superproducción audaz: tan solo la participación de Dimitri Tiomkin y Max Steiner a cargo de la banda sonora ya lo atestiguarían suficientemente. Para reflexionar y comernos el tarro un poquito más, quedémonos con el diálogo en el que el Gran Lama de Shangri-La suplica un heredero “para que la comunidad siga existiendo” añadiendo que “como compensación tiene mucho que ofrecer”. Esperemos no encerrarnos a nosotros mismos y aún menos a nuestros hijos en tamaña fortaleza: por aquello de la globalización ¿verdad..?


Cuatro infancias literarias africanas

2009/04/05

Por orden más o menos lógico-cronológico.

La de Albert Camus en Le premier homme (El primer hombre). Argelia a principios del siglo XX desde la perspectiva de un huérfano de clase menesterosa hispanofrancesa. La novela, muy ambiciosa, quedó inacabada por la repentina muerte de Camus. Pero ha quedado como un soberbio relato autobiográfico y una historia de superación personal a través de la educación y la cultura. Humanista, existencialista, inconscientemente gramsciano ta vez… El germen de la potencia arrolladora de La peste, El extranjero, El mito de Sísifo se encuentran en esta infancia desclasada y miserable de la que a cualquiera le costaría trabajo imaginar que se pueda salir indemne…

La de Jaime Salinas en Travesías (ISBN 84-8310-918-2). Leyendo este emocionante libro, me di cuenta de hasta qué punto una persona remota, a la que nunca has conocido y que probablemente no ha tenido hijos, ha podido influir en uno, ser de alguna manera una especie de “padre” cultural. Cosas del destino. Del destino colectivo y del destino del propio Jaime en particular. Desde finales de los 60, Alianza Editorial se encaminó a su objetivo de convertirse en fuente de alimentación intelectual de masas, a través de sus publicaciones económicas pero rigurosas. En cierto sentido tomó el relevo de la “anticuada” Austral y de la “clandestina” Losada. En Travesías se comprueba la indudable influencia de los planes de estudios que Salinas siguió en su exilio universitario norteamericano en el diseño de las colecciones de la editorial. Pero mucho antes de que esto sucediera, el autor cimentó su formación y su educación sentimental en la Argelia colonial, merced a las actividades y propiedades de su abuelo en aquel país y de las adversas circunstancias que le impidieron seguir su vida en España.

La Infancia (Boyhood) del Nobel John Maxwell Coetzee nos traslada a la Sudáfrica de mediados del XX, en pleno apogeo del apartheid sancionado por las “obligaciones” de la Guerra Fría. No hay aquí orfandad en sentido estricto, pero sí desgarro familiar y desencuentro identitario. No deja de ser curioso ver cómo un niño blanco pero al mismo tiempo puramente africano va descubriendo los entresijos y matices de una sociedad que se asume racista con total naturalidad.

La más cercana en el tiempo: la de Mohammed Moulessehoul (Yasmina Khadra) en L’écrivain (El escritor). Infancia aparentemente “protegida”, pero emocionalmente inestable y difícil. Y sobre todo: institucionalizada. El autor es ingresado en una academia de cadetes que hasta cierto punto podemos parangonar con un orfanato. Una vez más, como en el caso de su semicompatriota Camus, la escritura se abrirá paso contra todo pronóstico, conjurando la realidad adversa y marcando la ruta de la emancipación personal y el encuentro con el sentido de la vida.

Africanas y ninguna negra, estas infancias. Incluso alguna desafricanizada por los avatares históricos -el caso de Camus- o apenas injertada -pero trascendentalmente, caso de Salinas-. Todas muy recomendables, si os interesa tan solo la mirada de los niños al mundo adulto, las enormes consecuencias de lo experimentado en los primeros años de la vida. Africa fronteriza, conflictiva, traumática y aún así fecunda.


Corto Maltés: Las Etiópicas

2009/02/23

Etiopicas de Hugo Pratt

Tan culto es el cómic de Hugo Pratt que poco aportará a quien no tenga un buen bagaje de referencias del contexto en que se desarrollan los hechos. El sustrato salgaresco -y tal vez aún más la motivación- faltan al lector medio de la era del manga para emprender la navegación en compañía de Corto. La ligazón simbólica y la familiaridad cultural se han roto tal vez para siempre, salvo para los cultivadores iniciados. Y Corto queda en el panteón de los grandes iconos clásicos del siglo XX, en cuya inauguración histórica se desenvuelven precisamente sus acciones.

Y por si fuera poca dificultad para el no avisado, ojo a la irrespetuosa edición de Norma Editorial (ISBN 978-84-9814-758-2, D.L. B-22599-2006) donde leemos Humberto (sic, con hache) Eco, y donde también aprendemos que los italianos fueron derrotados por los abisinios ¡en la mismísima Padua! y no en Adua (página 67). Me quedo con la duda de la traducción “sacerdotes” por clérigos islámicos (página 26), cuando un militar otomano se refiere a un muecín . Es decir no sé si será una errata del traductor o un error original del propio Pratt, lo que me extrañaría mucho a decir verdad: “sacerdoti” por “preti”. Que yo sepa, sacerdote es quien oficia sacrificios. Es un error cultural tremendo creer o hacer creer la existencia del sacerdocio propiamente dicho en el islam. Cosa que por cierto ya practicó Javier Reverte en Los caminos perdidos de África, en concreto en su recocinada descripción de la revuelta del Mahdi, que es un ejemplo arquetípico de mala divulgación.

El evocador título del volumen de Pratt puede llevar a engaño, ya que los relatos no se ciñen a Etiopía propiamente dicha, sino que se desarrollan en varias localizaciones del área del Mar Rojo y del Índico africano. Bueno, si os va el rollo de Corto disfrutareis con Las Etiópicas una vez más. Si no, podeis introduciros antes un poco con algún buen manual de Historia contemporánea que explique la Primera Guerra Mundial en Oriente Medio y Africa, con pelis como Lawrence de Arabia o La Reina de África, y no olvideis que “dancalos” tiene que ver con Danakil…


Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.