Alfred W. Crosby y Etiopía

medida

La medida de la realidad es un ensayo que nos hace ver que lo que damos por sentado aún no le era en un día lejano. La medida de las horas de la cotidianeidad, su cantidad siempre constante de minutos, la mera contabilidad doméstica, la fijación gráfica de la música para ser reproducida y “compuesta”, el manejo del cero y tantas otras cosas. Un lector poco crítico podría derivar hacia un eurocentrismo arrogante, del tipo berlusconiano o neocon desgraciadamente tan de moda en estos últimos tiempos: qué cojonudos seríamos los europeos, en particular los europeos occidentales, que les tomamos la delantera en el Renacimiento a los chinos, a las civilizaciones amerindias, etc. Pero eso NO es lo que dice Crosby, que advierte de la procedencia indoarábiga del sistema de numeración que permitió el salto cualitativo en los hábitos cuantificadores, y la posterior revolución científica. La realidad histórica es tozuda y las culturas humanas comienzan/terminan o terminan/comienzan siendo una.

¿Qué tiene que ver todo esto con Etiopía? Pues tiene mucho que ver porque se trata de un país donde aún se cultiva un arte figurativo religioso que se expresa de forma conmovedora como nuestro añejo románico, sin los avances de la perspectiva moderna ; donde el calendario y el cómputo anual siguen los parámetros medievales; donde se utilizan las horas según la propia experiencia del caminar del Sol a lo largo del día; donde se dan direcciones físicas sin un sistema uniforme -incluso en un medio metropolitano de calles e inmuebles sin numerar-; donde perviven los barrios gremiales y una portentosa artesanía de caligrafía e iluminación de libros que debemos considerar un patrimonio de toda la Humanidad, de importancia incalculable. Todo anterior a la eclosión de la “medida”, explicada por Crosby. Solo por eso merece nuestra valoración, respeto y veneración. No por nostalgia ni con la idea de considerar un parque temático de la analogía histórica: bastante “parque” ha sido ya y sigue siendo la dolorida África. Sino porque tenemos por delante la integración crítica y cabal de las culturas humanas, las que fuimos y las que somos, en un nuevo mundo autoconsciente y sin fronteras espaciotemporales.

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