Jardines de Africa, de Manuel de Lope

Nunca había leído nada de él, pero siempre me habían intrigado y atraído su trayectoria y su lugar en las letras españolas. Daba la sensación de ser un escritor que iba un poco por libre. También me pareció muy sugerente que hubiera residido bastante tiempo en Aix en Provence, una ciudad discreta pero provista de encanto y atractivos. A raíz de la aparición del nuevo libro del autor, Azul sobre azul, algunas miradas se han vuelto hacia Jardines de Africa, un breve volumen aparecido en los años 80 que combina elementos de autobiografía  infantil, introspección y relato de viajes. A mí en principio me han interesado sobre todo el primer y el tercero de los aspectos que acabo de mencionar, pero al cabo de la lectura me han satisfecho con mucho el primero y el segundo, algo menos el tercero.

Bajo la advocación de Conrad -qué sobadito que me lo tienen al pobre…- y sobre la base de un anhelo infantil de horizontes y aventuras, se entiende que Manuel de Lope emprendió un viaje iniciático de juventud que lo llevó desde el Mediterráneo oriental hasta el centro-norte de Etiopía ¡nada menos que en la turbulenta y sangrienta época de comienzos del Derg!

El libro está escrito en una prosa enérgica y en ocasiones algo tortuosa que se corresponde muy bien con las vivencias y pensamientos que se van desgranando. Desde luego no se trata de un estilo con concesiones a la galería, y resulta idóneo para una corriente de conciencia en la que la crudeza parece haber sentado sus reales. Curiosamente este itinerario africano sigue en sentido inverso el realizado años más tarde por Javier Reverte y plasmado en Los caminos perdidos de África. Pese a la notoria singularidad de las circunstancias vividas, Jardines de Africa como libro de viajes puro defraudará muchas expectativas. Y es que probablemente el autor ha perseguido más la autoconstrucción personal y literaria que la crónica o el ensayo. Así aquella travesía angustiosa, contemporánea del derrumbe esperpéntico descrito por Kapuściński, solo nos deja un destello de realidad, vagas sombras de duermevela perdidas en la vorágine de la Historia anterior a Live Aid, a las operaciones Moisés y Salomón y tantos otros acontecimientos. No es una cuestión de número de páginas, es que el libro tiene otro planteamiento.

Leo la edición de 1987 (ISBN 842048041X) y lamento señalar los abundantes descuidos de transcripción y ortografía (“Mhadi” por Mahdi, “Cimarrosa” por Cimarosa, “San Miquele” por San Michele, y algunos más…) que sorprenden en la obra de un autor tan viajado y culto. Muy buena literatura, de todos modos.

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