Los Superjuguetes de Brian W. Aldiss y la Inteligencia Artifical de Kubrick y Spielberg

Habían llegado a la planta de producción, donde el producto estaba preparado para ser empaquetado y exportado. David avanzó, con los ojos abiertos de par en par.

 Ante él había mil David. Todos iguales. Todos vestidos igual. Todos en posición de firmes. Todos silenciosos, con la vista clavada en el frente. Mil réplicas de él. Muertas.

Por primera vez, David comprendió.

(ed. 2001, p. 51)

 

 

En los relatos de Brian Aldiss merodean erotismo antropológico y cierta ironía con tintes filosóficos. Son historias que le suelen dejar al lector un regusto melancólico. Su minúscula trilogía de Los superjuguetes viene a estar compuesta por tres elementos o actos:

– Los superjuguetes duran todo el verano.

– Los superjuguetes cuando llega el invierno.

– Los superjuguetes en otras estaciones.

Están publicados en un volumen bajo el título del primero de ellos, tanto en castellano como en inglés: Supertoys last all summer long. Sin embargo esta miniserie se compuso a lo largo de varios años y al hilo de la relación creativa entre el propio Aldiss y Stanley Kubrick. No es un texto extraordinario desde el punto de vista literario pero encierra una preciosa clave argumental que resultó crucial para el desarrollo del guión llevado al cine por Steven Spielberg después del fallecimiento de Kubrick.

La peli en sí concita opiniones muy variadas. El viejo proyecto que Kubrick no pudo acometer devino una producción ardua, compleja y costosa. Se reconocen elementos de Blade Runner, de El planeta de los simios, de Cantando bajo la lluvia, y si me apuran de La fuga de Logan o remotísimamente del gran Buñuel. Hay juicios para todos los gustos. Para algunas personas se trata de un pastiche de montaje mediocre, inestable y desigual, empeorado con dosis de sentimentalismo. Para otros en cambio la peli ofrece una estructura robusta y genial, que culmina precisamente las ideas de Kubrick sobre realización cinematográfica. A efectos prácticos lo que sí se puede afirmar es que su visionado no resulta recomendable para niños pequeños, a pesar de que en España la calificación de partida -a nuestro juicio un tanto temeraria- fue la de apta para mayores de 7 años: es una historia demasiado violenta, enrevesada, inquietante y amarga.

Inteligencia artificial toca varios palillos que dan para mucho. En primer lugar la adopción como fórmula sustitutiva ante la ausencia de hijos biológicos. Y por otra parte el sempiterno tema de la identidad personal: ¿somos lo que somos por nuestro punto de partida u origen, o por la influencia del entorno y la experiencia?, y si lo somos por combinacion de los factores precedentes ¿en qué proporción? El robot que siente no es sino una metáfora del ser humano considerado como -al fin y al cabo- mecanismo biológico, material. La pregunta de ¿hasta qué punto el robot puede sentir emociones? nos rebota directamente: ¿cuáles son los límites materiales, el perfil real y tangible de nuestra psique humana? Por el momento no parece que tengamos respuesta adecuada y total a este interrogante, y según la película tampoco la habrá todavía dentro de algunos milenios. De modo que no nos queda otra salida ¿provisional? que la voluntad existencial. Para todos, robots  mecánicos y/o biológicos.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: