A propósito de Los niños del Brasil (la película)

Recién vimos esta peli algo crepuscular, lo primero que se vino a la mollera es: ¡caray lo que ha llovido desde el estreno, allá por finales de los años 70! Resulta que su director Franklin J. Schaffner es el mismo del superclásico El Planeta de los simios, film con cuyo argumento Los niños del Brasil comparte una atmósfera de desasosiego fundado en ingredientes de biociencia-ficción. Desde un punto de vista histórico Los niños es un relato de transición por la trama y por la misma realización de la película. Recoge un elenco bastante impresionante de grandes actores prestigiosos que se hallan ya en edad muy avanzada en aquel momento. El argumento remite de manera retrospectiva a un pasado estandarizado (el nazismo, la Segunda Guerra Mundial) pero al mismo tiempo se proyecta hacia un futuro inquietante sobre el que planean los efectos incontrolables de la ingeniería genética y el presentimiento de que el modelo de crecimiento expansivo y apertura social de la segunda postguerra mundial comienza a dar sus primeros signos de agotamiento. Aquí no arden rascacielos ni se producen terremotos colosales, pero ¿recuerdan ese regusto catastrófico, tan típico de las películas norteamericanas de aquellos años?: pues eso.

Al final el experimento cinematográfico resulta pelín fallido: los veteranos actores cumplen y algunos incluso con nota -como Olivier-, pero esos buenos oficios meramente yuxtapuestos no bastan. El suspense no resiste el recuerdo del maestro Hitchcock. Pese a los notables esfuerzos de producción, los exteriores rodados en Portugal tampoco han aguantado la posteridad: el turismo hacia este país lo ha hecho tan reconocible como para que sea imposible hoy día hacerlo pasar por el Paraguay de Stroessner. Resumiendo a la peli le falta garra y el paso del tiempo le ha hecho perder impacto.

Sin embargo y situándonos en perspectiva, puede enseñarnos mucho sobre nosotros mismos y sobre el mundo en el que ahora estamos viviendo. No porque toque posibles aspectos truculentos -de manera también algo estereotipada- del mundo de la adopción sino sobre todo por la presencia central de los temas del diseño de destinos, la reproducción asistida y la subrogación. Literalmente se alucina al comprobar lo que hace algo más de treinta años era difícilmente concebible cuando no abiertamente objetable, y no por fuerza porque viniera de la mano del totalitarismo político que es lo explícito en la historia que se narra.  Ahí es nada el trapicheo global de niños (parte de la “circulación” de que hablan los expertos), las cifras de lo que pasaba en aquellos años o antes o ahora. No estamos en idealizar el pasado y lamentarnos del presente, no. Simplemente los parámetros de la mentalidad del primer público de Los niños del Brasil expuestos junto a la situación y la mentalidad media actual sobre estos asuntos: con sinceridad, esto no tiene parangón. Con un par de horas y algo de paciencia Los niños del Brasil se lo demostrará a cualquiera.

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